martes, 26 de mayo de 2015

El Machichaco y los buzos

En la exposición se incluye la foto que hizo Duomarco del "Cabo Machichaco" justo antes de explotar en 1893. Pasa por ser la última. El fotógrafo salvó la vida por estar, precisamente, revelándola. No hay fotos de la explosión. Si había alguien haciendo alguna foto, murió y su cámara desapareció. Siempre que veamos un grabado representando la explosión, es una recreación, es decir, no se trata de un grabado realizado a partir de una fotografía, es imposible.

La foto que exponemos pertenece a la colección de Torcida, que nos la ha cedido amablemente.

Junto a la foto hemos puesto una ilustración publicada por una revista francesa de época. Representa a varios buzos recuperando cadáveres del fondo de la bahía. Es otra recreación. Los cadáveres a buen seguro no se encontraban en tan buen estado como representa la imagen y, además, los buzos no se ocuparon de recuperar cadáveres, sino de rescatar la dinamita que no había explotado.

Recordemos que la dinamita era de contrabando. Las autoridades no sabían lo que transportaba el buque en las sentinas. De haberlo sabido es de esperar que no le hubieran dejado atracar en el muelle que lo hizo, enfrente del actual hotel Bahía, donde explotó. No obstante, parece que minutos antes de la explosión sí corrió la voz de lo que ocultaba el barco y que las autoridades no reaccionaron. Recordemos que murieron más de quinientas personas, entre ellos la práctica totalidad de las autoridades municipales. El bastón de mando del alcalde apareció clavado en La Filomena, donde hasta hace poco estaban los antiguos astilleros de ribera y hoy el varadero que se ha construido con motivo del Mundial de Vela de 2015.

Las labores de los buzos provocaron una segunda explosión que los mató a todos. Existe una orla conmemorativa que estuvimos a punto de incluir en la exposición, pero nos parecía excesivamente escabrosa, así que decidimos no hacerlo.

La imagen de los buzos rescatando cadáveres debió tener mucha repercusión en la época y quedar prendida en el imaginario popular. Encontramos una imagen similar en la portada de Retaguardia, novela que Concha Espina dedicó a los años de guerra en Santander. Pongo imagen tomada de librería en uniliber a continuación:

La biblioteca personal del Dr. Madrazo y el Boletín de cirugía

Hace aproximadamente un año se puso en contacto conmigo el heredero del Dr. Madrazo por mediación de mi compañero Virgilio Fernández Acebo. Me ofrecía, a mí no, a la Biblioteca Marquesa de Pelayo, la biblioteca personal del doctor pasiego. Acepté, cómo no. Fui varias veces a Vega de Pas, donde se encontraba la casa del doctor, e incluso llegué con ayuda de Raquel Alonso Balbás a preparar los libros para el traslado a Santander (algo que tuvo mucho de mudanza). Pues bien, finalmente no pude traer los libros. ¿Por qué? No lo sé a ciencia cierta. El que era por entonces Gerente de la Fundación Marqués de Valdecilla, y de quien yo dependía, no encontró dinero para el camión. Parece mentira, pero a veces ocurren cosas así.

El caso es que puse en contacto al heredero con la Directora de la Biblioteca de la Universidad de Cantabria, Mª Jesús Saiz Vega, que, por supuesto, aceptó la donación derivada.

Todavía más, estando ya los libros en la Biblioteca de la UC localicé el epistolario del doctor en la Biblioteca Municipal de Santander gracias a su responsable, Pablo Susinos, que no tuvo ningún inconveniente, al contrario, en transferirlos a la Biblioteca de la UC para que estuviera todo el fondo del Dr. Madrazo reunido bajo un mismo techo.

En la actualidad este fondo comienza a estar abierto a los interesados gracias al buen hacer del bibliotecario Jesús Salas Bustamante, de quien tengo la satisfacción de ser su amigo.

En fin, un éxito de todos.

La Biblioteca de la UC ha tenido la deferencia de darnos un juego completo del Boletín de cirugía publicado por el Dr. Madrazo. Es una revista que sabíamos que existía pero de la que apenas se encontraban ejemplares. Faltan, así y todo, números. Yo creo que se han podido quedar en el desván de la casa del doctor en Vega de Pas. Había allí cajas muy sucias que quizá el personal de la UC que fue a recoger el material omitió. Sería interesante comprobarlo.

Como último eslabón, Virgilio Fernández Acebo está escaneando y volcando en el repositorio del Centro de Estudios Montañeses, del que tengo el honor de formar parte desde enero de este año, todos los ejemplares del Boletín de cirugía de la Biblioteca para su consulta pública.

En la exposición hemos incluido el primer número de esta revista y puesto en la pared un texto tomado de la introducción firmada por el doctor pasiego. Dice como sigue:

“No debemos ser altivos ni arrogantes. Muchos años de experiencia son pocos años para saber acertar. Son muchas las observaciones que se precisan para escribir cortas líneas. Por muy larga que sea una vida será corto lo descubierto por ella; pero mal que nos pese, así, y no de otra parsimonia va llegando el humano conocimiento de las cosas. Con esta pertinaz labor, y estos granitos de arena, se irán levantando montañas que descubran horizontes anchurosos, cielos de luces, alegres cielos. (…)

Ellos saben que mi fantasía gustó de poner los ojos muy en alto; ¿qué me importa no haber llegado si engendré hijos que llegarán? Y, quién sabe, los tiempos cambian, y cambian también los hombres, y, quizás, con otro ambiente, si perseveráis en mis optimismos, con cuerpos jóvenes y poderosa voluntad, llegaréis al ideal borroso que yo acariciaba: el de enseñar a otros, a muchos, lo que a mí no me enseñaron en casa y tuve que peregrinar para aprender.”

El doctor Madrazo fue encarcelado en la actual sede de la Biblioteca Central de Cantabria en 1937 y no le excarcelaron hasta el año 1942, con casi noventa años. Moriría a los pocos días en su casa de la calle Castelar, encima de lo que es hoy cafetería Siboney (en la vertical de la mesa que hay nada más entrar a la derecha, en el primer piso).

Nacimiento de la Casa de Salud Valdecilla

En la exposición se propone un origen para la Casa de salud Valdecilla alternativo, como es la explosión del vapor "Cabo Machichaco" de 1893.

Defendemos que una cosa es la fundación, la inauguración oficial del hospital, que se celebró en 1929, y otra muy distinta su nacimiento.

El nacimiento del hospital proponemos adelantarlo a 1893, cuando el desastre provocado por el vapor pone en evidencia las carencias del antiguo hospital de San Rafael, fundado en 1791. Es entonces cuando la población reclama la construcción de un nuevo hospital. Los heridos de la Guerra de Cuba y la pandemia de gripe del año 1919 no hacen más que encender las reclamaciones. Todas las iniciativas puestas en marcha para poner remedio a esta situación insostenible fracasan por falta de presupuesto. Habrá que esperar a que el Marqués de Valdecilla se ponga al frente del proyecto en 1926 para verlo concluido en 1929, aunque sus puertas se abrieron antes y realmente no llegó a estar del todo operativo hasta mucho después, si es que alguna vez llegó a estarlo conforme al proyecto original del marqués. Para entonces, es decir, para 1929, el hospital había pasado a ser además de nuevo un hospital moderno gracias al Dr. Wenceslao López Albo, primer Gerente que, al parecer, fue sugerido al marqués para el cargo por el Dr. Gregorio Marañón.

En la exposición se incluye gracias al coleccionista Torcida la única fotografía conocida del hospital de San Rafael funcionando como tal, es decir, como hospital. En la actualidad es la sede del Parlamento de Cantabria.

El hospital de San Rafael fue promovido por el obispo Rafael Menéndez de Luarca. Fue él quien trajo la primera imprenta a Santander. El primer impreso fue, precisamente, una circular reclamando fondos para la obra del hospital. Este impreso tan significativo se puede consultar en el catálogo de la exposición La imprenta en Cantabria: dos siglos de historia celebrada en 1994.

"El rezo y la razón", columna de Patxi Ibarrondo sobre la exposición

Hace unos días estuve en la exposición con Patxi Ibarrondo y María. De aquella visita ha surgido el texto de Patxi titulado "Hospital Valdecilla, el rezo y la razón", que podéis leer en su versión original, aquí.

Copio y pego el texto:

El otro día nos acercamos, María y yo, a los orígenes documentados de la Casa de Salud Valdecilla, es decir, el antiguo Hospital de Santander y luego de Cantabria. La calificación de templo de la Cultura bancaria, atribuido al centro CASYC, no me auguraban nada distinto de la acostumbrado en estos eventos. Es decir, una mezcla entre la ampulosidad expositiva y de loa incensaria a los fundadores.

 La verdad es que no me esperaba lo que vi y escuché. Bajo el título “Valdecilla. La semilla, 1829-1939”, se pueden contemplar unos paneles y filmaciones que ilustran acerca de la trayectoria del importante hospital; los pasos que se dieron para hacerlo realidad, las vicisitudes políticas y los logros, son comentados en visita guiada por el rescatador documental de esa olvidada o ignorada, Mario Corral, comisario de la Exposición.

La Casa de Salud fue donada por el indiano Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla, y por su sobrina María Luisa Pelayo, marquesa de Pelayo. El marqués hizo su fortuna en México, con el cultivo de la caña de azúcar.

Como no podría ser de otro modo, la creación de la Casa de Salud no podía ser aséptica ni ajena a la sociedad en la que estaba enclavada. Los años de política convulsa quedan reflejados en los planos de los edificios que debían albergar la ciencia médica. Una vez inaugurado el hospital, en 1929, ilustres personajes de la medicina, como el doctor Marañón o el doctor Wenceslao López Albo fueron artífices del brillo que adquirió la Casa de Salud a nivel nacional e internacional.

En el Patronato administrador del Hospital estaban presentes personajes que representaban a las dos Españas eternamente encontradas: El oscurantismo de la aristocracia y el clero por un lado; y por otro, los que querían impulsar una medicina racionalista, laica y moderna.

El más genuino representante de estos últimos fue el doctor Wenceslao López Albo, un psiconeurólogo de gran prestigio. El doctor López Albo había sido director de instituciones mentales en el País Vasco y autor de numerosas estudios. Fue pionero en terapias innovadoras para el tratamiento de las enfermedades mentales.

Por lo que se puede deducir de la documentación expuesta, quizá el doctor López Albo resume como nadie, en el ámbito de la salud pública, las dos irredentas Españas: la modernizadora racionalista y la escolástica católica trascendental.

Wenceslao López Albo emprendió acciones impulsoras, como la creación de una Escuela de Enfermería laica. Además creó el germen de la Facultad de Medicina, que contó con alumnado hasta que esa labor docente se vio interrumpida por la guerra civil.

Hombre republicano de izquierda y nada clerical, el doctor López Albo chocó constantemente contra un Patronato donde tenía gran influencia la marquesa de Valdecilla. Desposeído de su cargo de gerente, esa responsabilidad les fue entregada a las monjas Hermanas de la Caridad. Reducido al papel de simple director médico, sin poder administrativo, el doctor López Albo decidió dimitir y se exilió en el México donde, quiere la paradoja, había hecho su fortuna el marqués de Valdecilla. Mecenas de la Casa de Salud Valdecilla.

*

Muchas gracias Patxi por la visita y por este estupendo texto, todo un regalo.

lunes, 25 de mayo de 2015

Textos de los escritores Max Aub y Ocharan Aburto relacionados con la Casa de Salud Valdecilla (1937)

En la exposición hemos dedicado una pared a la Guerra Civil. Por no descentrar la exposición con este tema tan complejo, hemos reducido el material expositivo de este bloque o pared a tres elementos: dos vinilos de pared y una vitrina. En la vitrina hemos incluido material del Santander republicano en guerra y de la más temprana posguerra. En otra entrada lo explico en detalle. Ahora me quiero centrar en los vinilos.

A la izquierda de la vitrina hemos puesto un vinilo de pared que recoge un texto de Max Aub, escritor del exilio, en el que una de sus protagonistas huye del bombardeo de Gernika, recala en Santander, donde trabaja en la Casa de Salud Valdecilla, y de aquí pasa a Gijón y después a Francia. No todos tuvieron la misma suerte. Recordemos a la bibliotecaria y periodista Matilde Zapata, que intentó la misma peripecia pero fue interceptada en el mar de camino a Francia, apresada y asesinada en Ciriego.

El texto de Max Aub dice como sigue:

“En Bilbao la gente vivía en la calle, en las puertas de las casas, con la chiquillería alborotada, a mano, para poder correr más pronto a los refugios al producirse las alarmas. Las mujeres, sentadas en los quicios, hacían calceta.

El día en que la aviación al servicio de los rebeldes arrasó Guernica, Rosario salió para Santander.

La abuela se quedó; no podía con la grasa que le ahogaba el corazón. En la capital montañesa, Rosario prestó sus servicios en el Hospital Valdecilla. Fue evacuada, en el último momento, por mar, a Gijón. Al llegar allí se había confiado en manos de don Luis Sarrasqueta, viejo socialista bilbaíno, encargado de una parte de la evacuación. Así desembarcó la joven en La Rochelle, después de un viaje horro de otras peripecias como no fuera el ametrallamiento del barquito por un avión”.

Está tomado de Campo de sangre (1945).

A la derecha de la vitrina hemos puesto otro vinilo con un texto del castreño Ocharan Aburto. Este escritor estuvo escondido en el pabellón 17 los trece meses republicanos de Santander en guerra. Durante este tiempo escribió Maleficio, una novela muy mala, pero cuya introducción no tiene precio. En ella relata sus meses escondido en la Casa de Salud Valdecilla.

El texto del vinilo es como sigue:

“Llevo cinco largos meses, cinco interminables meses de permanencia en la Casa de Salud Valdecilla, pabellón 17, habitación número 8. (…) Hay un cuarto en este pabellón, el correspondiente al número 5, que, generalmente, se destina a enfermos que prestan sus servicios en la casa. En este cuarto se hallaba en cama una enfermera. (…) Sacábanla (…) al pasillo siempre que sonaban las sirenas. (…) Tuvo la malograda joven la suerte de que su novio la proporcionara un confesor y los auxilios de nuestra religión, administrados con una sublime y emocionante clandestinidad. (…)

¡Fuera penas, fuera malas sugestiones! No estoy en la Casa de Salud Valdecilla. No tengo a un lado un pabellón donde se alojan tuberculosos; al otro, el que ocupan los de secretas dolencias; más allá, el de los enfermos mentales, y un poquito más lejos, el depósito de cadáveres, y casi a mi lado, el recinto de cancerosos, etc. No. Nada de esto es la realidad que me circunda. Esforcemos la imaginación. Hagámonos a la idea (...) de que nos hallamos en un cómodo despacho, en mi despacho particular, antes de que en él se practicara la requisa de su biblioteca y se cometieran otros infinitos despojos.

El día convida a desechar sombríos pensamientos, pues este seis de junio se presenta espléndido”.

Está tomado, como decía, de la introducción de Maleficio (1938).

Durante una visita de días pasados Joserra (no me acuerdo de sus apellidos, lo siento) comentó que recordaba otro texto de Max Aub que hacía referencia a la Casa de Salud Valdecilla y a la caída de Santander en agosto de 1937. Este martes lo localizó y me lo envió el escritor Rafael Pérez Llano. Se titula "Santander y Gijón" y está incluido en No son cuentos (1944). Podéis leer un fragmento aquí. Es un texto estremecedor. Aprovecho para dar las gracias a Joserra y Rafael.

martes, 19 de mayo de 2015

Breve valoración visita colectivo La Vorágine

Ayer celebramos una visita concertada con el colectivo La Vorágine, aquí. Mucha gente y muy participativa, una experiencia muy positiva.

Gracias a todos pero sobre todo a Paco Gómez Nadal por la organización.

viernes, 15 de mayo de 2015

Agradecimientos a Samperio y columna sobre la Escuela Libre de Medicina en EDM

Gracias a Samperio por el estupendo reportaje que ha dedicado a la historia de la Casa de Salud Valdecilla en el especial publicado hoy por El Diario Montañés y en particular por la referencia que hace a la exposición.

Gracias también por haberme permitido publicar una columna de opinión titulada "El origen de la Universidad" dedicada a la Escuela Libre o Práctica de Medicina de la Casa de Salud Valdecilla, que defiendo es germen de la UC.

Aprovecho para aclarar un error: a media altura menciono los "trece meses republicanos de Santander" cuando lo que quería decir es "los trece meses republicanos de Santander en guerra", obviamente. La República tuvo en Santander una vida un poco más larga.